....todo olía a mar, a especias, a lejanía, a canela, a madera de sándalo. Todo había pasado por manos morenas o amarillas, había sido mojado por la lluvia de los trópicos, había contemplado la maravilla de la selva. Ahora, para encontrarme a mí mismo, entera y ardientemente, tenía que recurrir a un fuerte estímulo que me sacudiera... -Herman Hesse; La infancia de un mago 1923)-
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